diumenge, 11 de novembre del 2012

Mi primer Campo de Trabajo


Puedo decir sin dudar que este último verano ha sido el mejor de mi vida, después del que nací, aunque este último no lo puedo recordar. La mejor experiencia ha sido el Campo de Trabajo en Olivella. La casa de colonias se llama Can Grau, y está situada en el corazón del parque natural del Garraf.
El primer día, después de llegar, hicimos un par de juegos para conocernos un poco entre nosotros. Uno, por ejemplo, se trataba de una corta conversación:
-Hola –decía yo.
-Hola –me respondían.
-Me llamo Aniol, vengo de Banyoles, tengo 15 años…
-¡Guay! Yo me llamo…
Realmente reíamos más que hablábamos, ¡y esto sólo era el principio...!
La persona que me cayó mejor fue Pol, Polete, como le decíamos nosotros para diferenciarlo de otro Pol. Es un chico alto, muy alto, y bastante morenote, con el pelo corto y oscurísimo. Nos llevamos 3 años. Todo el día sonríe, y siempre habla, como yo, aunque él dice que en realidad es tímido,  y que hablaba porque no había dormido, ya que antes del campo se fue a Acampada Jove.
Luego nos enseñaron la casa. Can Grau es la típica masía catalana, con muchas habitaciones, todas ellas muy amplias, y  con una gran era en la entrada principal, con dos bancos. La  casa tiene dos entradas. Una en la planta baja, y otra que lleva directamente al piso superior. La entrada principal de la casa, el comedor, la cocina, y la habitación de los monitores estaba en la planta baja, y en la planta superior, estábamos nosotros. Teníamos también una sala de estar con un sofá, muy cómodo, por cierto, que siempre estaba muy solicitado para leer, o simplemente para descansar un rato. En una habitación, juntamos varias mesas para poder tener una de mayor con la que jugar a “ping-pong”. Incluso montamos un campeonato.   Por la noche, nos solíamos sentar en los bancos de fuera de la casa, y allí nos pasaban las horas hablando.
Nuestra tarea  consistía en limpiar de maleza una viña medio abandonada,  hacer unos muros y reconstruir un horno de cal. Teníamos que levantarnos muy temprano para trabajar, pero eso no suponía ningún problema. Todos estábamos igual. El trabajo era duro para todos, y como podíamos hablar, ni nos dábamos cuenta y ya era la hora del almuerzo. Hablábamos mucho sobre nuestras diferencias lingüísticas. Por ejemplo, nosotros decimos: Josep con e cerrada (en catalán), y ellos lo decían con e abierta (en catalán).
Con tan solo un par de días, literalmente, ya habíamos creado el típico grupo de toda la vida que no consigues que discuta ni que se pelee. Nos entendíamos perfectamente todos. Con ellos compartí el mejor verano que recuerdo, y ellos son parte de este recuerdo viviente, porque aún nos seguimos viendo. Por ejemplo, este fin de semana son las Fiestas de Banyoles, y van a venir los que puedan, porque ellos no tienen el lunes libre.

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