En muchos países subdesarrollados la gente
trabaja mucho a cambio de un sueldo misérrimo, lo cual comúnmente se llama
explotación, y es comercio injusto, porque el obrero gana poco y el dueño e
intermediario cobran mucho.
Yo personalmente estoy en contra de la
explotación de los trabajadores, porque este engaño no soluciona la economía
del país, sino que solo beneficia a un grupo reducido de empresarios que no
invertirán su dinero en la región, sino en otras de más lujosas. Además, como
todas las grandes empresas son cómplices de este sistema para reducir costos y
aumentar beneficios, los trabajadores no tienen elección: o trabajan mucho por
poco dinero, o no trabajan. De hecho, muchos de los objetos que usamos a diario
están fabricados en países donde es frecuente el comercio injusto, como China,
Taiwán, Tailandia, India… mayoritariamente países del Lejano Oriente. Su sueldo
es infrahumano, por ejemplo: Nombre de fábrica “Yue Yuen Factory”, fabricación
“Bambas Nike y Adidas”, precio por hora “0.19$”, horas por semana “60-84”.
Muchos de los trabajadores sometidos a la explotación están al borde de la
esclavitud. Por otro lado solo el 35% de los consumidores españoles prefieren
comprar en una empresa RSC (Responsabilidad Social Corporativa).
Por estos motivos, y porque todo el mundo
tiene derecho a unas condiciones laborales dignas, no estoy a favor de esta
injusticia social en la cual participamos directamente como consumidores.
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