dilluns, 4 de juny del 2012

Narración col·lectiva


No podía creerme lo que me estaba diciendo el enfermero: Juan estaba en otro hospital, una bala le había pillado en plena espalda. Quise llorar pero no puede, no encontraba fuerzas. Me sentía responsable de la desgracia que me acababan de contar, ya que el seguramente no se hubiera adentrado tanto en el campo de batalla si yo no lo hubiera propuesto. Entonces volví a la realidad cuando vi que el enfermero me dejaba, encima de la mesa del lado de la cama, agua, un poco de comida y un par de pídolas. -Esa es un calmante, y la otra es un antiinflamatorio. Entonces me di cuenta que mi pierna estaba envuelta de vendas. -A ti también te han dado, las pídolas tómatelas después de comer y, si necesitas algo, llámame, mi nombre es Jack. -¿Puedo llamar para saber como está Juan? -No, aquí solo hay teléfono militar, no podemos llamar a otro hospital. Entonces él se fue y me encontré sola en una sala pequeña, emblanqueada, pero que la pintura caía a pedazos.
Me lo comí todo, estaba muerta de hambre y, después de tomarme las pídolas me encontré un poco mejor, pero no suficiente como para levantarme. Empecé a reflexionar sobre como había cambiado mi vida y como tenía que afrontar los cambios.
Por la tarde vino una médica, era joven, parecía tener entre 3 o 4 años menos que yo. -Soy Victoria y me encargaré de tu salud mientras estés en el hospital. Supongo que ya habrás conocido a Jack, mi ayudante. Vamos a mirar como tienes la pierna. Después de examinar la herida unos cuantos minutos se me ocurrió preguntarle: ¿Dónde estamos?

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- Hemos trasladado a su amigo a otro hospital. Está herido de gravedad. Una bala le ha impactado en plena espalda.No podía creerme lo que me estaba diciendo el enfermero. Quise llorar, pero no puede, no encontraba fuerzas. Me sentía responsable de la desgracia que me acababan de contar, ya que él seguramente no se hubiera adentrado tanto en el campo de batalla si yo no se lo hubiera propuesto.Entonces volví a la realidad al ver que el enfermero me dejaba justo encima de la mesa que se encontraba al lado de la cama, agua, un poco de comida y un par de píldoras.- Un calmante y un antiinflamatorio. Para que no sientas dolor. A ti también te han dado. Tómatelas después de comer. Para cualquier cosa, llámame. Me llamo Jack.
Entonces me di cuenta de que mi pierna estaba vendada. Le pregunté al enfermero si había alguna posibilidad de poder llamar al otro hospital para saber de Juan. Lamentablemente me informó de que en ese centro no había teléfono militar.Al irse, me hallé conmigo misma, sola en una sala pequeña, blanquecina y muy degradada; la pintura se estaba cayendo a pedazos.Me lo comí todo, estaba muerta de hambre y, después de tomarme las píldoras me sentí un poco mejor, pero no lo suficiente como para levantarme. Empecé a reflexionar sobre cómo había cambiado mi vida y cómo tenía que afrontar esos cambios.
Por la tarde, me visitó una doctora. Era joven, parecía tener entre tres o cuatro años menos que yo.- Soy Victoria y me encargaré de tu salud mientras estés en el hospital. Supongo que ya habrás conocido a Jack, mi ayudante. Vamos a mirar cómo tienes la pierna.
Después de examinar la herida, fue cuando se me ocurrió preguntar:¿Dónde estamos? 

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